Por
Antonio Peredo Leigue
Un
articulista, de reconocida militancia antipopular, ha
lanzado un desafío: que los restos que fueron identificados
como los del Comandante Ernesto Che Guevara sean sometidos a
la prueba de ADN. Por supuesto, pone en duda la autenticidad
de los mismos, a tono con la fantasiosa indagación que
publicaron días atrás un par de periodistas decididos a
cobrar notoriedad. ¿Acaso va a convencerse él de la verdad?
Si, por alguna razón, se accediera a su desafío, con
seguridad que negaría la validez de la prueba. Simplemente,
a él no le interesa la verdad, si no sus odios.
De hecho, su inclinación a condenar a los luchadores por la
libertad, ya sea que estén vivos o hayan muerto, es
proverbial. Fue él mismo, quien escribió un artículo
titulado “Las espinas de Espinal”, apenas unos días antes de
que, el director del semanario “Aquí”, fuera torturado y
asesinado por los criminales que comandaba Luis Arce Gómez,
hace ya 27 años. ¿Habrá tenido alguna implicación su
artículo de entonces en el asesinato del sacerdote jesuita
Luis Espinal?
Pues bien. Ahora se ocupa del esqueleto del Che. Nos revela
que él estuvo muy cerca de los acontecimientos en aquel
1967; era corresponsal de la agencia de noticias Associated
Press. En consecuencia, cree estar en pleno conocimiento de
todo lo ocurrido entonces. Su aserto más destacado es que,
el cadáver del Che, separado de los restantes combatientes
que murieron en combate o fueron asesinados posteriormente,
fue incinerado, los restos molidos y luego echados a un río
cercano. Se cuida mucho en nombrar tal río, seguramente para
mantener la reserva militar que él acata tan cumplidamente.
En cambio, pone por testigo al Gral. Gary Prado Salmón quien,
hasta el día anterior del descubrimiento de los restos entre
los que se encontraba el del Comandante Che Guevara,
insistió en que su cuerpo fue incinerado. Luego, dejó de
persistir en esa aseveración. Dice que, el hecho, también
era conocido por el Gral. Mario Vargas, ya muerto. Claro que,
en ese caso, el mentado articulista nos está diciendo que,
su amigo, mintió cuando sostuvo que sabía dónde estaba
enterrado el cuerpo del Che. Pero no lo acusemos de las
acciones de otros.
Veamos sus argumentos: sin preocuparse en los detalles, dice
que “cuando se descubrió la fosa común con osamentas de
guerrilleros en Vallegrande, Castro ordenó a sus supuestos
arqueólogos que fueran de inmediato al lugar y encontraran,
a como de lugar, el esqueleto del Che”. Odiador a rajatabla,
no le importa mentir; los antropólogos (no arqueólogos)
estuvieron en Vallegrande desde febrero/marzo de 1996 y,
después de encontrar los restos del Comandante Guevara,
siguieron trabajando en la búsqueda de otros combatientes
hasta finalizar el año 1999.
Luego se enreda con las manos del Che, pretendiendo que el
equipo cubano, de reconocido prestigio internacional,
presentó un esqueleto “al que le quitaron los huesos de las
dos manos” para convencer al mundo que era el que buscaban.
Quien usa la mentira como instrumento cotidiano de su
trabajo, cree que los demás son de su misma condición.
Y miente tanto, que no se preocupa en afirmar que, el
monumento al Comandante de América, se halla en la gran
plaza de la revolución en La Habana. Por supuesto que no
conoce Cuba y está muy bien que nunca vaya. Para su
referencia, el monumento al Guerrillero Heroico se halla en
Villa Clara, aquella ciudad donde ganó la batalla con la que
se dio fin al régimen de Fulgencio Batista. Por supuesto, el
articulista que escribió tantos improperios, seguramente era
partidario del corrupto dictador que hacía negocios con la
mafia estadounidense.
Minrex
02-03-2007 |